Esa misma tarde tuve una visita: nunca supe quién la envió. Era un hombre amable, al que le gustaba escuchar. Le conté mis penas, mis problemas de frigidez ninfomaníaca, mi cansancio estructural, mi hastío vital (en aquellos momentos había finalizado la lectura de “Las flores del mal” de Baudelaire y llamaba a esa sensación spleen. Luego se me olvidó). Me sentí mejor. Él me dijo que debía seguir adelante, que, sin presión, hiciera mi trabajo día a día. Parecía bastante sensato.
Días después, me encontraba mejor. Ligeramente deprimido, pero mejor. Ese hombre amable, del cual nunca supe su nombre, comenzó a acompañarme a todos lados, sin que nadie lo invitara, aunque a mí me gustaba que viniera. Me daba unas pastillitas azules (siempre me gustaron las azules; ignoro cómo él lo sabía) que me hacían sentir mejor. Volvía a sonreír hasta el infinito. Hasta el infinito y más allá.
Llamé al Ministro de Exteriores, que era presa cada vez más de las convulsiones de una adicción acelerada, para disculparme. A mi lado estaba el hombre agradable. Al observar la actitud hostil del ministro hacia mí, convencido de que le había abandonado a su suerte, el hombre amable le llamó y le ofreció una sugerente cápsula verde pistacho. El ministro la engulló y se relamió. “Una cada 12 horas” le advirtió el hombre amable, doctor en felicidad.
Desde entonces, el ministro es un hombre casi cabal. Y ya no suda tanto.
Poco a poco la situación se restableció. La restablecí yo o la restableció el sistema. Ni lo sé ni me importa. Me vine arriba. Me lo creí. Me lo creí tanto que volví a ganar las elecciones. Con un par.
Ahora ya no veo casi nunca al hombre amable, pero sé que está ahí; que el sistema me sostiene, que no me va a dejar caer. No se lo pueden permitir.
Me pregunto algunas veces si los otros presidentes se encontraron alguna vez en la misma situación, si el hombre amable estaba allí, si todos sus ministros eran yonquis de la farmacia de La Rosilla. Me pregunto… Y cuando me pregunto en exceso sé que es el momento de tomarme una pastillita azul.
Y a seguir con el show.






